Intervención psicológica sobre abuso sexual infantil

Se considera abuso sexual infantil cuando existe una diferencia de al menos 5 años de edad entre el que comete el abuso (perpetrador) y la víctima, existiendo una negativa por parte de la víctima ante el acto y una omisión de la misma por parte del perpetrador.

En muchos casos, el problema se agrava cuando el abuso se comete con niños muy pequeños que no tienen conciencia sobre el tema ni tienen habilidades suficientes para evitarlo. En otros casos, el perpetrador del abuso sexual es una persona cercana al niño (familiar o conocido), lo que supone un hecho aún más traumático para el menor.

Si el niño no es capaz de afrontar el trauma, puede convertirse en un trastorno de estrés postraumático, en el que reexperimenta una y otra vez el acto aversivo, sintiendo sensaciones muy intensas que no le permiten continuar con su vida. El impacto psicológico distorsiona el autoconcepto, la visión sobre el mundo y las capacidades afectivas de la víctima, además de una sexualidad traumática, problemas conductuales, pérdida de confianza y sentimientos de indefensión, los que provocan que el niño actúe con actitudes pasivas, poco asertivas y de retraimiento.

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