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Biografía y resumen de la obra de Wittgenstein

Johann Josef Wittgenstein  nació en Viena en 1889, hijo de un próspero industrial del acero. En la casa paterna, Ludwig creció junto a sus siete hermanos, en un ambiente rico en estímulos culturales y artísticos. Brahms y Mahler, por ejemplo, eran huéspedes habituales de la familia. Ludwig empezó estudios de ingeniería en la universidad de Berlín y los continuó en Manchester, dedicándose a la investigación aeronáutica durante varios años, donde hay que notar que en 1911 ya trabajaba en el diseño de un motor de reacción. Su investigación precisaba dominar nuevos métodos matemáticos y ese fue un motivo para adentrarse en la investigación de los fundamentos de la matemática, y así tuvo ocasión de leer los Principles of Mathematics, de B. Russell. Esta fue la circunstancia para trasladar  sus intereses por la aeronáutica y aerodinámica a los problemas de la fundamentación de las matemáticas y, de ahí, a la lógica y a la filosofía.

A partir de 1912 siguió estudios en Cambridge bajo la dirección de Bertrand Russell y empezó a ocuparse intensivamente de la investigación filosófica. Para poder concentrarse mejor en sus estudios, se fue a vivir en soledad a Noruega.

Allí le sorprendió el estallido de la Primera Guerra Mundial y Wittgenstein se alistó como artillero en el ejército austro-húngaro. Esto no le impidió seguir con sus reflexiones filosóficas, que fue apuntando en una serie de cuadernos, de modo que, al final de la guerra, cuando cayó prisionero de los italianos, tenía el manuscrito de su Tratado lógico-filosófico prácticamente terminado. Esta obra fue publicada en 1921, en alemán, en una revista de poca difusión, pero un año más tarde, en versión bilingüe inglés-alemán con el título latino de Tractatus Logico-Philosophicus – gracias a la mediación de su común amigo J.M. Keynes que lo hizo llegar a la manos de Russell, quien se esforzó por su publicación (1921-22) en una traducción al inglés hecha por F.P. Ramsey y con prólogo de B. Russell.

Tras la guerra, Wittgenstein, ante los horrores presenciados, atravesó una fuerte crisis interna, que le llevó a regalar su nada despreciable fortuna. Tras el reparto de buena parte de la sustanciosa herencia paterna entre sus hermanas y un grupo de artistas e intelectuales (Rainer Maria Rilke, entre ellos), Wittgenstein llevó una vida austera y retirada, primero como maestro de escuela básica en Austria, años 1920 a 26 (y publicó un interesante opúsculo sobre la enseñanza a los más pequeños: Wörterbuch für Volkschulen: Diccionario para Escuelas) y después como ayudante de jardinero en un convento junto a Viena hasta 1929. En ese tiempo parece estuvo pensando incluso en hacerse religioso. También, buscando trabajo, practicó las artes plásticas y la arquitectura. Proyectó así una vivienda para su hermana Margarete y supervisó su construcción. Siguió entonces el estilo anti-decorativo del arquitecto austríaco Adolf Loos. Pero aun en esta fase de su vida Wittgenstein no perdió totalmente el contacto con la filosofía.

Dejando de lado especulaciones psicoanalistas para explicar esta fase de su vida, la última proposición (7) del Tractatus en que concluye con la constatación de que callar (no hablar en lenguaje “teórico”) sobre lo que escapa del poder de observación de ese lenguaje, es una justificación de su radical separar la razón teórica y la práctica. Y era pues más que “lógico” que, en una casi fundamentalista ascética filosófica, se dedicara a la praxis.

En 1923 le visitó el joven matemático F.P. Ramsey, de Cambridge que había desempeñado el papel principal en la traducción del Tractatus y de esas conversaciones surgieron modificaciones que recogía la segunda edición de 1933. Ramsey se preocupaba de la reformulación de las bases logicístas de la matemática y creía poder lograrlo con la ayuda del Tractatus. Sin embargo, en sus visitas y correspondencia, Wittgenstein rechazó partes de esa reconstrucción e interpretación de Ramsey y excluyo la misma posibilidad de llegar a una fundamentación lógica de la matemática.

En 1927 conoció al matrimonio Karl y Charlotte Bühler. Karl Bühler trabajaba entonces en una concepción de la comunicación humana que presentó en su obra sobre la Crisis de la Psicología, y posiblemente abrió así nuevos derroteros a su superación del enfoque centrado en el lenguaje real. Se le abría el foco de observación comunicacional – lo que le llevaría a la idea de los juegos de lenguaje. Y eso suponía también poder “hablar” (aunque en otros lenguajes) de los verdaderos problemas, lo que siempre ha tratado la Philosophia Perennis. Por ello, como él mismo refirió muchas veces, su “nuevo” interés por la filosofía; que ciertamente no desapareció nunca del todo. Ese interés se manifestó varias veces en esos años de posguerra: mantuvo contacto epistolar con sus amigos ingleses, se encontró en 1922 con Russell en La Haya, recibió la visita de Ramsey en 1923 y pudo discutir con M.Schlick, que lideraba el Círculo de Viena – donde el Tractatus fue objeto de largas discusiones.

Una posible motivación adicional de su regreso a la filosofía pudo ser una conferencia de L.E.Brouwer en 1928 sobre los fundamentos de la matemática (con su concepción del Intuicionismo constructivista sobre el sistema axiomatizado de la matemática), Wittgenstein se sintió motivado para regresar a Cambridge en 1929, tras quince años de ausencia, con la intención de continuar su trabajo de investigación filosófica y posiblemente doctorarse. Al principio fue huesped de Keynes. Probablemente eligió esa universidad para tener ocasión de continuar el diálogo con F.P. Ramsey.

Se matriculó en un curso de doctorado con Moore, pero éste, considerando que durante los años 1912 y 1913 había sido un “alumno avanzado”, consiguió, conjuntamente con B.Russell que se le reconociera, como equivalente a una tesis doctoral, el “Tractatus” – y que se le ahorraran todos los trámites burocráticos usuales. El “concurso”  para entra de docente universitario consistió en lo siguiente: Moore -que ese mismo año había sido nombrado catedrático- y Russell fueron designados para examinarlo y tras una charla con el candidato, que, como relataba luego Moore, les resultó muy agradable, dieron su informe favorable. Sin más trámites burocráticos, en junio, a los pocos meses de haber llegado a Cambridge el ya famoso alumno, se abría a Wittgenstein la carrera académica en Cambridge.

Desde 1930 a 1936 trabajó como Fellow en el Trinity College de Cambridge, pero manteniendo su contacto con Waismann y Schlick (del Círculo de Viena). En 1929 apareció la otra obra, que junto al Tractatus (y un opúsculo sobre la enseñanza en su época de maestro de escuela) fue lo único que publicó en vida: Some Remarks on Logical Forms en que apuntaba una nueva orientación de su reflexión filosófica: analizó la pluralidad de las funciones lógicas del lenguaje (contra la anterior reducción habitual a sólo su función representativa de la realidad) – pero según él mismo se trató de un trabajo que no consideró nunca tuviera valor alguno.

Dejando de lado las exigencias burocráticas (no tan estrictas como en nuestra universidad), Moore, Ramsey o Russell consideraron que contar con la colaboración de un “genio filosófico” de tal talla era un logro para su universidad. En uno de sus informes, Moore escribía: “Ahora está trabajando intensamente y, a mi entender, le va bien. Que se le interrumpiera por falta de dinero sería, creo yo, una gran desgracia para la filosofía” (Moore, 1993). Evidentemente no se trataba de acumular kilos de ponencias escritas o publicaciones a valorar por una rutinaria comisión burocrática que suele saber menos del tema que el examinando, sino de un trabajo filosófico al más viejo estilo: en el diálogo sostenido en clases y seminarios. De esos años contamos prácticamente sólo con los apuntes de sus clases (por ejemplo, los tomados por su profesor Moore o por Rush Rhees y Yorick Smithies) así como con su correspondencia (por ejemplo, la mantenida con otro de los grandes de la filosofía analítica, G.H. von Wright)(2). Moore se retiró en 1939 y entonces la cátedra pasó a Wittgenstein.

En 1936-37 había vuelto a Noruega, pero en 1939, tras el Anschluss (anexión impuesta a la fuerza) de Austria a la Alemania hitleriana, se sintió motivado para renunciar a su nacionalidad y pidió la nacionalidad británica y fue nombrado sucesor de Moore en su cátedra de Cambridge. Desde allí pudo ir a la Alemania nazi a negociar condiciones de seguridad para sus familiares. En sus prelecciones se ocupó de Estética, Ética, Psicología, y Fe religiosa – temas que ciertamente en el Tractatus, como el resto de los empiristas lógicos, había considerado como temas sin-sentido.

Durante los años de la guerra 1939-45, junto a su actividad como voluntario, desde 1941, en el Guy’s Hospital de Londres; lo que supuso la interrupción de su docencia hasta 1944, trabajó en la preparación del primer volumen de sus “Investigaciones Lógicas” (obra que dejó inconclusa). En 1943 se incorporó a un grupo de investigadores que estudiaban la fisiología de los traumas. En 1944 reanudó su actividad como profesor.

A fines de 1947 abandonó su cátedra (influyó para que la ocupara su discípulo G.H. von Wright) y se retiró a Irlanda (Dublín y costa oeste) donde acabó la segunda parte de sus Investigaciones Lógicas. Desde allì emprendió varios viajes a Oxford y Cambridge, así como a Viena y a USA donde habló con N. Malcolm (con quien discutió sobre la refutación del Escepticismo que hacía Moore). Trabajó prácticamente hasta el último día en los últimos 18 meses, cuando ya sabía que padecía cáncer. Murió el 29 de abril de 1951.

Aunque de temperamento irritable, nervioso y depresivo, Wittgenstein fue un hombre de una personalidad fascinante, que vivió atormentado por su exigencia de autenticidad, por el trabajo y por la idea de la muerte. Difícil para la convivencia social y escéptico-crítico ante las cualidades del ser humano, sintió a menudo la necesidad de aislarse de la gente y de vivir en completa soledad.

Wittgenstein estaba dotado de una gran sensibilidad artística y musical y sus intereses abarcaban no sólo la filosofía y las matemáticas, sino también la aeronáutica (hay que recordar que cuando acudió a las clases de B.Russell proyectaba un motor a reacción y buscaba perfeccionar la matemática precisa para esos cálculos en la obra Principia Mathematica), la arquitectura y la escultura. Aunque gozó del reconocimiento y amistad de personalidades como Lord Keynes y los filósofos más importantes de su tiempo, no se sentía a gusto dentro del mundo académico, y prefería vivir en soledad. Al recordar su vida no se deben pasar por alto las rebuscadas interpretaciones a que ha dado lugar la biografía escrita por Warren Bartley III. Éste pretende que su presunta homosexualidad explicaría una gran parte del interés de Wittgenstein por el lenguaje: sus sentimientos de culpa, como católico que incluso sopesó durante un tiempo ingresar de monje tras la triste experiencia de la Primera Guerra Mundial, lo que podía hacerle sentirse mal por su “patología” (como si los heterosexuales estuvieran libres de tales sentimientos y complejos). Estos y otros factores le habrían motivado a ocultar su condición de homosexual tras la fachada del estudio del lenguaje.

En realidad, ese interés nació al ocuparse en sus primeros años en Inglaterra con la obra de Frege, y luego con la de Russell. Así se centró en el tema del lenguaje – que sustituía el análisis de las ideas – y ésta parece ser una explicación mucho más simple y sin necesidad de complicaciones psicoanalíticas.

En el pensamiento de Wittgenstein pueden distinguirse dos etapas. La primera viene marcada por la publicación del Tractatus logico-philosophicus (1921-1922), en el que trata de dar una salida a los problemas no resueltos del positivismo clásico respecto a las matemáticas, la ciencia y la filosofía. Para él,  en este primer período, la filosofía no es un saber ni se limita a manejar ideas, sino es una actividad de examen total, y su finalidad es aclarar las proposiciones pues las ideas no son analizables en si mismas, sino sólo en su formulación verbal; así, la filosofía se circunscribe a un análisis del lenguaje.

La segunda etapa queda definida por su obra Investigaciones filosóficas, publicada póstumamente en 1953. Estas obras, y otras muchas publicadas postumamente han dado origen a la corriente denominada filosofía analítica, que centra su reflexión en el estudio del lenguaje como único modo de resolver los problemas filosóficos.

Además de las obras citadas, escribió Observaciones filosóficas sobre los principios de las matemáticas (1956) y las notas a las Investigaciones, conocidas con el nombre de Cuadernos azul y marrón (1958).

De las Investigaciones filosóficas, por su parte, se propone un fragmento en el que Wittgenstein critica primero su anterior concepción del lenguaje para pasar, a continuación, a presentar algunos aspectos de su nueva idea de la filosofía. Según su nueva concepción, la tarea de la filosofía no consiste en corregir el uso ordinario del lenguaje, sino en comprender su funcionamiento de forma adecuada, pues el lenguaje no es una entidad en sí, sino sólo una parte de la comunicación, que él observa como “juegos de lenguaje” y es desde este prisma de observación como intenta la disolución los problemas filosóficos tradicionales, en una línea paralela pero totalmente distinta del trabajo de los llamados postmodernos (sobre todo Derrida) en su deconstrucción.

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