La crisis de la democracia de partidos y el desafío de las nuevas élites tecnocrático-capitalistas

La crisis de la democracia de partidos y el desafío de las nuevas élites tecnocrático-capitalistas

No basta analizar las patologías organizativas de los partidos políticos ligadas a la dis-funcionalidad de sus estructuras internas para cumplir la función básica de un partido en la democracia parlamentaria que consiste en canalizar las voluntades individuales a la toma de decisiones en un partido que intente representar a dichas individuos. Además de este factor debe considerarse el contexto actual caracterizado por lo que se ha denominado “globalización”, en primer lugar económica, pero que está generando nuevas estructuras de poder organizado, como por ejemplo se manifiesta en las reuniones de Davos o del G-20.

Es difícil comprender el nuevo escenario mundial en el que desde la caída del muro en Berlin y la autodemolición del bloque soviético se ha ido configurando un nuevo diseño geopolítico que claramente no es el simple dualismo de tiempos de la guerra fría, sobre todo por el papel dominante de la economía china. Por eso, los analistas señalan la dificultad de explicar adecuadamente como se ejecutan los procesos variados y contradictorios de la globalización. Es evidente que la globalización al mundializar las redes de comercio internacional ha contribuido a elevar la producción de riqueza, un pais que quiera tener una economía sana no puede ya vivir en el aislacionismo o proteccionismo tan querido por los populistas (Kirchner o Trump o May son solo unas muestras de la irracionalidad económica del populismo).
Pero este nuevo entorno globalizado contribuye a exacerbar la crisis política en los partidos clásicos que tendían a representar mayorías, pues la concentración de poder económico lleva a que en las decisiones politicas se recurra, como es el caso chino, a gobiernos tecnocráticos, es decir, se configura una estructura elitista (una élite puede serlo de cultura pero también de conocimientos técnico-económicos), Y por el conocido efecto acción-reacción esa concentración de poder, que algunos analistas ven como el nuevo fascismo económico (pues no necesita armas sino simplemente acciones) al mismo tiempo que avanza la concentración de riqueza mundialmente crecen los movimientos de protesta populista. Contra Davos o el G-20.
El problema es que detrás de la fachada de la representación del pueblo gracias al mecanismo electoral que oficialmente configura los dirigentes de los partidos que tomarán las decisiones vinculantes a la sociedad, se oculta otra estructura de poder real no representa a la mayoría en unos tiempos en que poco más de sesenta individuos acumulan tanta riqueza como la mitad de la población mundial, cerca de cuatro mil millones de personas.
La crisis de la representación política (Vester, 2001) ya había comenzado bajo el signo de la modernización en el llamado capitalista avanzado, pero actualmente crece exponencialmente el grado de concentración de capital, en parte debido al enorme cambio estructural tecnológico, como se manifiesta en el indicador de que casi todas las mayores fortunas individuales del mundo se han acumuulado en el sector de las nuevas tecnologías de la información.
En el diagnóstico de esta situación hay que destacar el éxito técnico de la Revolución Conservadora lanzada por Reagan y Thatcher (curiosamente paralelos temporalmente a la reacción antimodernizadora del Papa Juan Pablo II que quiso borrar, con la asistencia teológica de Ratzinger toda huella del intento modernizador, del Aggiornamento iniciado por Juan XXIII y el Concilio Vaticano II). En contraste a la mejora social iniciada por las democracias occidentales después del desastre de la Segunda Guerra Mundial donde se consiguió una leve disminución de la desigualdad social, desde que comenzó esa revolución de la minoría capitalista continúa la erosión de la base social en los estados de bienestar de Europa continental. Al mismo tiempo, a nivel ideológico, gracias a las nuevas tecnologías de difusión cultural y al silencioso proselitismo del espíritu individualista se robustece la infraestructura ideológica de ese individualismo y del denominado “darwinismo social” en que el más fuerte debe sobrevivir devorando al débil.
En este nuevo escenario, que las masas ideologicamente convertidas a ese credo capitalista consumista admiten con fe ciega, las estructuras y las estragias políticas de partidos que crecieron y se configuraron en un escenario muy distinto han perdido el sentido de orientación, y el descenso de participación electoral muestra bien claro que esos partidos ya no son vistos como canales de representación politica, ni siquiera por los mas perjudicados en el proceso de concentración de riqueza.
Se buscan respuestas parciales en las coaliciones o fusiones de los partidos políticos. como sucede en España con Izquierda Unida y Podemos, o en Argentina, con el PRO, Radicales y otros partidos en Cambiemos. Pero ni populismos ni esas coaliciones hasta ahora han conseguido modificar un ápice que el proceso de concentración de capital y toma de decisiones globales por esas élites del dinero se vea frenado. Naturalmente, el plan de Macron apenas esbozado de reformar las mismas estructuras electorales y sanear vetustas y anquilosadas burocracias estatales podría ser indicador de que se comienza al menos a revisar todo el aparato organizativo del sistema Estado en un momento en que algunos de esos sesenta poderosos económicamente tiene más poder qu-ce una docena de estados.
Como intuyó Platón en su dibujo, utópico quizá, del rey sabio, la solución a un ordenamiento más humano, más justo, y al mismo tiempo eficiente, del mundo debe venir del conocimiento, o mejor dicho, de la Sabiduría para la Vida, Sophia griega o Mahat egipcia. Y eso sólo se logrará gracias a la mejora de los sistemas educativos. La persecución real por parte del PP español a todo el ordenamiento educativo con intentos tan claramente nacidos de la ideologia capitalista que intenta mantener al pueblo en la ignorancia, es un síntoma de que las llamadas élites del poder tecnocrático-capitalista ven solo peligros para su hegemonía el potencial de la educación, no las protestas callejeras momentáneas y sin efecto duradero como sucedió con el 15M.
Pero es evidente que ha de tratarse de una educación que junto al dominio, hoy necesario, de las nuevas tecnologías de información y de sus bases científicas y teóricas, es preciso recupar lo que antes se llamó formación humanística. Y no sólo los contenidos, también la misma forma de educar ha de cambiar y superar la ineficiencia de los modelos educativos actuales. Hay un antecedente histórico muy revelador: cuando a comienzos del reino de Prusia, el que todavía sólo era gran duque elector, Federico, firmó una ley que imponía escolarización obligatoria a todos los niños de Prusia. Algunos nobles de la corte le dijeron entonces que si la masa aprendía, también sería crítica y peligraría el poder de la familia Hohenzollern. Y el principe respondió, pero si no los educamos ni siquiera habrá estado prusiano,
La élite de poder tecnocrático-capitalista no puede funcionar sin educar a las grandes masas. Y esa es nuestra oportunidad, despertar el deseo por el saber vivir y convivir.

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